Tiawanaku es el
documento irrebatible e indestructible de nuestro, SER NACIONAL. La Bolivia
híbrida, como apéndice que es de Europa, no tiene nada, es pura quimeras. Aquí
la tierra es india, la mitología es india, la música es india, el baile es indio,
el color es indio, el espíritu es indio; en suma, si hay algún pensamiento propio
y genuino de Bolivia, ese pensamiento es indio.
En el Q’ullasuyu de los Inkas, desde 1825 hay dos Bolivias: Bolivia europea y Bolivia india. La Bolivia india tiene 8 millones de habitantes, medio millón la Bolivia extranjerizada.
Bolivia sin embargo es una Nación opresora; esclaviza y explota a la Nación india. La Nación india no tiene Estado. El Estado es de la Bolivia blanqueada y apátrida que asume la autoridad de las dos Bolivias. Toma sin su consentimiento la personería de 8 millones de indios. El Estado boliviano suplanta la voluntad de la Nación india. La Bolivia europea discrimina al indio, por eso es que desde 1825 no hay un Arzobispo indio, un General indio, un Ministro indio, un Presidente indio. La Bolivia europea esclaviza la lengua y la religión del indio, oculta su historia y su cultura e impone como lengua, religión y cultura oficial de Bolivia, la lengua, religión y cultura del conquistador Pizarro y como pensamiento la voluntad de la camarilla terrateniente inmigrante.
La Bolivia mestiza no nace de la tierra, de la Pachamama, su raíz se halla en Europa; por eso aquí el SER NACIONAL es el indio, y no otro.
Tiwanaku es el documento irrebatible e indestructible de nuestro, SER NACIONAL. La Bolivia híbrida, como apéndice que es de Europa, no tiene nada, es pura quimeras. Aquí la tierra es india, la mitología es india, la música es india, el baile es indio, el color es indio, el espíritu es indio; en suma, si hay algún pensamiento propio y genuino de Bolivia, ese pensamiento es indio. Por ello la acusación de Papini a la intelectualidad hispanoamericana, (a la boliviana), de no haber producido un escritor ni un artista, de haber “dilapidado los tesoros culturales que recibió de Europa”, es justa.
Bolivia con su religión europea,
con su escuela europea, su universidad europea, sus instituciones europeas,
con la mentalidad capitalista o las "revoluciones" europeas, quiere
europeizar al indio, la Bolivia mestiza quiere matar al SER NACIONAL quiere
matar a la Patria. Porque la Patria es tierra hecha hombre; Patria es el indio...
El níveo menguado boliviano, hoy disfrazado de autonomista o internacionalista,
quiere dar, mejor, está a punto de dar la puñalada final por la espalda a esta
Patria ¡Patria de indios y de los hijos de las indias!
El agente o autor de este asesinato del SER NACIONAL, es el plebeyo, el mestizo apátrida... Al mestizo España lo repele, no le traga; lo vomita, diciéndole: "tu no eres hispano; eres indiano". Y el indio le maldice porque es hijo del conquistador: carne y alma de maldad; le apostrofa, le grita: "tu no eres indio; eres advenedizo...'' A su turno Francia asoma y le susurra: "recibe e imita mi forma de gobierno, mi indumento y mi moda literaria, y serás de mi raza, raza, latina..." Y el mestizo, que no es ni hispano, ni indio, ni "latino" este mestizo indefinido, que hoy se nombra y luce alegremente el apelativo de "latinoamericano", dada su terrible hambre de "europeización", delira por ser "slavo americano"; "latinoamericano neo-liberal"; “ibero neo-fascista”; “croata autonomista”
El preamericano a la llegada de Pizarro al Tawantinsuyu, era un hombre íntegro. Para aquel hombre, cualquier otro hombre, era su misma persona, su propia imagen. Su semejante no era sólo su hermano; era su mismo ser. El "ama llulla, ama súa, ama qhella", era un imperativo universal y cósmico.
Atawallpa. y su ejército, fueron al encuentro de Pizarro sin armas, a darle una fraternal bienvenida... y se encontraron con el degüello de los bárbaros. Los hombres inkas no se defendieron de sus asesinos, porque como pensamiento, como moral y como conducta superhumana estaban a una distancia sideral respecto a aquella horda de homicidas presidiarios.
La
división de la historia de América que han hecho los productivos humanistas,
no es válida para el indio. Porque en la conquista, la colonia y la república,
su condición de esclavo no ha variado. Bajo el dominio español, como bajo el
latifundio republicano, el indio andino y amazónico ha sido nada más ni nada
menos que una bestia esclava. Por eso en esta lucha de cinco siglos, el alzamiento,
la rebelión y los bloqueos contra la opresión y la injusticia, señalan a nuestro
continente el rumbo para recuperar nuestra identidad original y originaria.
El indio no es ningún cobarde ni raza inferior. Cinco siglos de nuestra historia, criminalmente silenciada y tergiversada, habla de esta lucha heroica por la reconquista de nuestra libertad. Las huestes inkas apenas se dieron cuenta de que, se hallaban frente a salvajes y asesinos, se armaron y desataron la epopeya que comienza con el primer cerco de cinco meses a Cuzco (febrero 1536), bajo la dirección y comando del Inka Manko II.
Juan Santos Atawallpa, derrota a los españoles y gobierna trece años (1742 1755) en toda la Sierra del Gran Perú.
Tupaj Amaru y Tupaj Katari, en la grandiosa gesta libertaria que afronta al poder español, mueren descuartizados; pero nuestra causa india no ha sido apagada. Los españoles pidieron PAZ a los indios. Y gracias al Tratado de Paz concertado en los campos de Lampa (11 de diciembre, 1781), los indios depusieron sus armas y amainaron su ira guerrera. Luego, estos compromisos como por hábito se vuelven ardides hechos para quebrarlos y poder eliminar sistemáticamente a nuestros líderes.
Las fuerzas p“arias”, hicieron de la política su
gran negocio.