EL EJERCITO, ...otro partido mas (XVIII)
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"Sólo
cuando el ejercito sea indio de alma, porque de carne lo es, y siempre lo ha
sido, cuando la mística india vibre otra vez en el ejército de Bolivia, solo
entonces la seguridad y supervivencia de la Patria estará asegurada"
El ejército de Bolivia está formado por militares de grado y por la tropa. Integran sus filas desde los Generales hasta los soldados.
La élite compuesta de Generales, jefes oficiales, cadetes y como un experimento 20 originarios reciben su “educación” en las Academias, Colegios Militares del país y en el extranjero.
Los soldados en su mayoría adolecentes conscriptos viven una escuela de despersonalización. Estos jóvenes llegan al cuartel en estado de inocencia, donde se le transplanta el cerebro. El cuartel por medio de una pedagogía sádica de torturas: tortura física, tortura psíquica, tortura moral y espiritual, transforman su ser de tal manera, que un gran porcentaje de esta juventud, cuando salen “licenciados” no vuelven al campo, se integran en el hampa más hampa de las ciudades. La alienación es criminal. El cuartel no es una escuela de liberación conciencial y física de la personalidad histórica del nativo aymara, kechua o guaraní. Es una escuela de asimilación del hombre ancestral por el mestizo europeizado.
La sustancia ideológica del Estado Mayor General no se halla en Bolívar y menos en los Generales Chalcuchimac, Quizquiz, Manco II, Tupaj Amaru, Tupaj Katari, Cnl. Willka; se hallan en Napoleón. Jacques Sever, Hans Kundt, Eisenhawer, Hitler, Stalin, De Gaulle o Chiang‑Kai‑Schek.
La
oligarquía terrateniente, la casta racista latifundista, los exportadores y
la clase media neoliberal son las que dan su gente para la cabeza de las FF.
AA., que llega “castigada” a los límites territoriales de nuestra nación. La
comunidad originaria, los moradores del cercofundio, los campesinos que producen
el alimento vital, y la clase media nacionalizadora proporciona los soldados
que por las relaciones de carácter institucional son los que acatan las tareas
que deberían estar destinadas a defender nuestras fronteras.
Los que mandan no han sido siempre la voluntad de ser de la Patria, y los que obedecen -por obedecer‑ han sido la carne de cañón, pero no siempre para la Patria. De lo que se trata ahora es que tanto los que mandan como los que obedecen, no sean otra cosa que la voluntad de ser de la Patria: que en las FF. AA. impere una sola mística, una sola idea, y una sola acción.
Como en ningún país y en ningún tiempo, el ejército de Bolivia es la imagen, la expresión más objetiva de la sociedad boliviana: Allí se halla en funcion de Comando, la élite de una veintena de Generales y una centena de jefes y oficiales, quienes con la afluencia india hacen las FF.AA. Esa élite blanco‑mestizo de Generales, sobrepuesto a una masa de soldados oriundos maneja los instrumentos mortíferos que debían servir para defender la patria de intereses ajenos que pretenden saquearla y destruirla, pero en los hechos se muestra como una fuerza de ocupación y cómplice del genocidio contra su propio pueblo.
Pero la diversidad en los regimientos que debiera contemplar paridad de deberes y paridad de derechos, creando conciencia nacional, orgullo vernacular, no brota; porque el Poder militar es un Poder unilateral en manos despóticas oligárquicas. El indio no tiene Poder, no tuvo poder ni siquiera dentro del PACTO MILITAR‑CAMPESINO, firmado por los enemigos del ejército y por la inconciencia de dirigentes campesinos colocados a dedo y que entrañó un fraude contra uno de los pactantes: el indio.
El
pensamiento es el piloto del ser humano. Y el cerebro se conduce al tenor de
las ideas que lleva dentro. Y las ideas salen de la interacción de la sociedad
y el hombre. Luego la cabeza de las FF. AA. está llena de ideas. En la cabeza
de los militares hay un "laberinto". Las ideas que saturan los estratos
sociales, siempre han penetrado en el campo cerebral de las FF. AA. Y no puede
ser de otra manera. Son hombres. Viven su tiempo. Y son la parte neurálgica
del diverso Ser Nacional. Los militares desde hace rato, han convertido a las
FF.AA. en un partido político, al igual que el clero.
El ejército, ayer fue francés, después alemán; hoy es yanqui. Lo que hay que hacer para salvar a la Patria, es nacionalizar al ejército de Bolivia. Liberarnos de las pésimas copias y en vez de un ejército gringo, hay que hacer un ejército nacional propio.
Sólo la mística india aventará, sacará de los cuarteles al fantasma fascista ‑ chauvinista. La indianización del ejército es un deber religioso, razón suprema para la seguridad y supervivencia de la Patria.
Esta es la justa dialéctica histórica y el supremo imperativo. Sólo cuando el ejercito sea indio de alma, porque de carne lo es, y siempre lo ha sido, cuando la mística india vibre otra vez en el ejército de Bolivia, otra vez como en los tiempos de gloria del indio Mariscal de Zepita, Andrés Calahumana Santa Cruz, entonces, solo entonces, abandonarán los cuarteles, tanto el fantasma fascista de Mussolini, como el fantasma nacional‑comunista, engendro que nace de aquel abrazo Hitler ‑ Stalin...
Si los Mayores, los Capitanes o ex capitanes y los Tenientes hacen a golpes "revoluciones", ¿por qué los sargentos, los cabos y la tropa no pueden hacer? Máxime si sargentos, cabos y tropa son indios, ¿por qué no pueden hacer Revolución? ¿Su Revolución?
“Kunapachatej jiwasanakaj Ejercito ukankkañani ukapachaw jiwasan markasan jakawipaj waliny jilanaka, kullakanaka.”