PARTIDOS POLÍTICOS (XXIII)
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Si
deseamos nuestra LIBERACIÓN; liberación como pueblo, como Nación, como raza
y como cultura; tenemos que hacer política con “nuestro” Partido. El indio no
puede hacer su política, si no tiene su Partido, este punto es de vida o muerte
para la suerte de ocho millones de Aymaras, Kechuas y Guaranis de Bolivia.
La oligarquía apátrida y advenediza tiene sus partidos políticos. Los blanqueados de la clase media tienen sus partidos políticos. Los obreros y los mineros tienen sus partidos políticos.
Fascistas y sus derivados, neo-liberales y sus derivados, comunistas y sus derivados, responden a las tres grandes corrientes ideológicas llegadas del extranjero. Estos pensamientos foráneos han privatizado la mente y la bolsa de nuestros países. Nadie se salva de esa irrupción; todos se han convertido en colonos y apéndices cipayos de la globalización. Todos, menos el indio. Porque el indígena es otro pueblo y otra cultura. El originario es otra personalidad histórica enfrentada a los forasteros.
En Bolivia todos los sectores de la población mestiza han hecho sus partidos políticos y hacen política. Y el nativo, que es el 90 por ciento de la población, también hace política pero no para sí; sino para su enemigo. El indio hace política para sus ex‑patrones latifundistas. Si ayer el indio era "pongo‑mitani"; hoy es "pongo‑político" del Podemos, del UN, del MNR. El indio es el "pongo‑político" del banzerismo de Quiroga y de la agringada Duchén; del transformer Paz; del mirismo racista de Doria y del sirio acambado Daubdob; del japonés Nagatani y del españolisimo Bedregal, que pugnan pa’ tener "sus" "pongos‑políticos".
¿Es
que el destino del indio es ser eterno "pongo‑político"?
¡No!
El grito autóctono de: "afuera la política", "mueran los partidos políticos", es justo, cuándo se refiere a la política y a los partidos políticos de los k'aras, de los golondrinos dietistas, de los siestistas parlamentarios, ...de los transfugas. Pero cuando se pide que la política vernácula y su Partido, se aparten y salgan del seno de las masas oriundas; el ser innato que no quiere, que se opone y se resiste a tener su Partido, ése es un indio traidor; y al traidor hay que juzgarlo con todo el rigor de la justicia comunitaria!
La política es una ciencia; tiene sus leyes. La historia y la ciencia enseñan al indio esta verdad: ocho millones de indígenas son la fuerza mayor; y “la fuerza es la partera de la sociedad”. El originario hace política; y si hace política, tiene que hacerla para sí; para él originario; no para los otros. Eso es lo lógico y lo racional. El originario tiene una ideología un programa y una meta, en consecuencia, es imprescindible sumarse a nuestro Partido político: que es el conductor de nuestra lucha teórica y de su acción revolucionaría. "No hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaría".
Nuestros grandes movimientos han sido movimientos espontáneos; que no han estado concientemente nutridos de teoría, táctica y estrategia. El pecado de la espontaneidad ha sido la causa de la inferioridad que en estos cinco siglos expía él dueño natural de estos territorios.
Ante
esta experiencia histórica, y sobre todo, experiencia de nuestros días, si deseamos
nuestra LIBERACION; liberación como pueblo, como Nación, como raza y como cultura;
tenemos que hacer política con “nuestro” Partido. El indio no puede hacer su
política, si no tiene su Partido, este punto es de vida o muerte para la suerte
de ocho millones de Aymaras, Kechuas y Guaranis de Bolivia. Por que si no hay
un Partido indio, no puede haber Revolución india. Y, jamás alcanzaremos nuestra
LIBERACION. En suma, sin un Partido indígena, no habrá PODER INDIGENA!
Millones de indios queremos marchar bajo la conducción y la autoridad de nuestro guía histórico. Ocho millones de indios debemos ser una sola idea y una sola acción bajo el mando y comando de nuestro Programa. Este movimiento indigena, debe ser cuero de nuestro cuero, sangre de nuestra sangre, grito de nuestro grito y alma de nuestra alma. Nuestro Partido debe ser cerebro y corazón, conciencia y espíritu, clamor y voluntad de nuestros sagrados ayllus.