Por esas
curiosidades post-coloniales, fui bautizado con el original nombre de Juan,
al parecer mis padres lo hicieron para intentar mantenerme alejado de mis raíces,
procurado de esa forma ahuyentar las sombras de desprecio y xenofobia que se
abalanzó sobre todos nosotros en nuestros territorios.
Así es que, hijos de criaditas y k'epiris llegados
de lejanas comarcas, pese a fundados augurios llegamos a estudiar con bastante
normalidad, sin pasar por las experiencias dolorosas de Warizata,
nuestro templo del saber.
Siendo permanentes emigrantes
malvenidos en busca de visas, asilos y permisos,
resulta paradójico encontrar en la Unión
Europea mi realidad y mis verdaderos ancestros. Esto tras asimilar otro
idioma más, otra cultura más.
Al conocer en tierras lejanas y extrañas, respeto y aprecio a nuestros conocimientos heredados y a la natural curiosidad deductiva obtenida de mi pueblo y al confrontar otras formas
de discriminación... y de racismo, mi identidad aymara encontró su destino en el horizonte hermoso de nuestra
cultura atávica, junto a mis raices telúricas.
Disfrutando aquí de un trabajo
seguro con sueldo razonable, la toma
de conciencia proletaria, se desvió, al comparar esta realidad con la vida
desperdiciada de mi raza y de mi nación siempre sometida. Así pues, en medio
de las pausas en la fábrica, fue tomando forma esta página, mas que nada para
decirles a mis antepasados, que su lucha y que su muerte fue fecunda, que la
intuición y el mensaje que nos dejaron ya empezó a florecer, porque ellos querían
vernos así, mirando al futuro con esperanza y tratando de construir una vivienda
y una familia sin dolor.
Esto
con el ánimo de enjuagar el habitual hábito de mitos, verdades o falsedades
que rodea a lo que es extranjero, y que hace posible una programación apátrida
del alma que menosprecia a nuestro pueblo y exalta con devoción todo lo que
contiene un tinte ajeno.
Pretendo
también contarle al mundo, el aprecio que sentimos por ser miembros de una nación
que cuenta con idiomas, costumbres y hábitos propios, presumiendo jactanciosos nuestras autenticas tradiciones, decirle a la memoria
sagrada de nuestros abuelos mártires que estamos orgullosos de ellos porque se destacaron en la resistencia al coloniaje, al robo y al genocidio.
Contaré nuestra verdad,
que es la única arma que poseemos para arrebatarle a la historia, los servicios
del guía legítimo que buscamos para nuestro pueblo condenado hasta ahora solo
a mendigar.
Esta espera paciente,
terca y vigilante va creando día a día la junta que acendrará nuestros derechos
humanos y que demostrará a las mentes escépticas que otra forma de vida
si es posible.