Productivas, políticas, militares y COSMOGÓNICAS

NEOCOLONIALISMO  (23)    

La mujeres originarias, desarrollaron muchas e importantes funciones en el mecanismo productivo, político, militar y cosmogónico, tanto en los tiempos de paz como en los de la resistencia, y esta solo se reforzó en la medida en que aumentó la opresión racista que impuso estereotipos extranjeros en las mentes subyugadas. Muchas fueron las violadas, asesinadas o esclavizadas, otro tanto se “integró” mediante el concubinato, llegando esa descendencia a ser una suerte de contratistas intermediarios que mediante leyes representan a forasteros o a los intereses globales del neocolonialismo apátrida.

Los indígenas fuimos descritos como seres primitivos y semidesnudos, también como críos crecidos que deben ser educados en el nombre de Cristo y del Rey, todo esto con el ánimo de destruir desde los cimientos la organización social y a los grupos humanos que habitaron estos territorios. Y tras una larga resistencia se crearon desequilibrios que cambiaron los roles de una dualidad establecida en siglos, ya que trabajos que fueron tradicionalmente masculinos debieron ser realizadas por manos femeninas, causando el orden colonial lamentables desventajas en las mozas nativas.

Cuando llegaron los europeos, se encontraron con una mezcla de culturas con diferentes costumbres, formas de producción y sistemas políticos. La estrategia para la ocupación de nuestros territorios se basó en el terror producido por las violaciones, las masacres, los castigos y unas maquiavélicas alianzas. En las primeras épocas no existía un discriminante criterio homogéneo sobre nosotros, los cronistas usurpadores eran fantasiosos y trenzaron mitos antiguos o medievales en sus versiones. Aún con todos sus prejuicios religiosos y patriarcales, algunos se percataron de que este continente era el “país de las mujeres” y escribieron: “... son las mujeres la que hacen la nación, su sangre es la soberana, son el árbol genealógico, son el orden de las generaciones y las que atesoran la familia...”

Luego divulgaron los “civilizadores”, autores del “derecho” de pernada, que las madres que siempre cuidaron la economía de nuestro hogar, no recibieron nunca ningún respeto y que fueron esclavas de sus maridos en las moradas que ellos violentaban. Menos conocido y valorado fue su experiencia como curanderas que usaron diferentes yerbas para controlar las enfermedades y la importancia de su labor al momento de enfrentar las epidemias llegadas de Europa, al mismo tiempo que la resistencia les obligaba a doblar esfuerzos para cubrir los espacios dejados por las masacres y los trabajos forzados en las minas, que alejaban por años al complemento esencial de los núcleos familiares.

La mujeres originarias, desarrollaron muchas e importantes funciones en el mecanismo productivo, político, militar y cosmogónico, tanto en los tiempos de paz como en los de la resistencia, y esta solo se reforzó en la medida en que aumentó la opresión racista que impuso estereotipos extranjeros en las mentes subyugadas. Muchas fueron las violadas, asesinadas o esclavizadas, otro tanto se “integró” mediante el concubinato, llegando esa descendencia a ser una suerte de contratistas intermediarios que mediante leyes representan a forasteros o a los intereses globales del neocolonialismo apátrida.

Sin titubear podemos afirmar que nuestras abuelas fueron duramente afectadas (pese a que ellas no entraron a los socavones, ni las mujeres embarazadas hicieron los trabajos mas pesados desde 1533) en ese periodo, dado que los trabajos forzados de las “encomiendas” incorporaron a las niñas desde los 10 años, pues según las costumbres ellas tomaron todas las responsabilidades cuando los hombres se mantuvieron movilizados, pagando el tributo mediante la confección masiva de vestimentas de algodón que realizaron encerradas en talleres monótonos y aburridos, esta situación aguantó desde entonces una catástrofe demográfica que ya se empezó a frenar.

Ahora entendemos mejor el legado ancestral que nos enseñó ver al trabajo organizado como una necesidad, que representa salud y bienestar para el ser humano. Al colonialismo y al libre mercado, solo les estimula el poder, la exportación y la ganancia, sus trabajos “efectivos”, establecen la miseria, son agotadores y enferman.

La situación de las ancianas, de las viudas y de los huérfanos empeoró y no sabríamos relatar ahora, lo que Americo Vespucio describe el 18 de julio de 1500: “..Aunque como te he dicho, las mujeres andan desnudas y son libidinosas, a pesar de ello sus cuerpos son hermosos y limpios, ni tampoco son tan feas como alguno quizá podría suponer, porque aunque son carnosas, sin embargo no se aparece la «fealdad», la cual en la mayor parte esta disimulada por la buena complexión. Una cosa nos ha parecido milagrosa, que entre ellas ninguna tuviera los  pechos caídos, y las que habían parido, por la forma y estrechura del vientre no se diferenciaban en nada de las vírgenes, y en las otras partes del cuerpo, las cuales por honestidad no menciono, parecían lo mismo.”

¡NACIONALIZACIÓN e INDUSTRIALIZACIÓN!

¡JALLALLA TAWANTINSUYO!